"...Cuando estaba solo, José Arcadio Buendía se consolaba con el
sueño de los cuartos infinitos. Soñaba que se levantaba de la cama, abría la
puerta y pasaba a otro cuarto igual, con la misma cama de cabecera de hierro
forjado, el mismo sillón de mimbre y el mismo cuadrito de la Virgen de los
Remedios en la pared del fondo. De ese cuarto pasaba a otro exactamente igual,
cuya puerta abría para pasar a otro exactamente igual, y luego a otro
exactamente igual, hasta el infinito. Le gustaba irse de cuarto en cuarto, como
en una galería de espejos paralelos, hasta que Prudencio Aguilar le tocaba el
hombro. Entonces regresaba de cuarto en cuarto, despertando hacia atrás,
recorriendo el camino inverso, y encontraba a Prudencio Aguilar en el cuarto de
la realidad. Pero una noche, dos semanas después de que lo llevaron a la cama,
Prudencio Aguilar le tocó el hombro en un cuarto intermedio, y él se quedó allí
para siempre, creyendo que era el cuarto real.
A la mañana siguiente Úrsula le llevaba el desayuno cuando vio acercarse un
hombre por el corredor. Era pequeño y macizo, con un traje de paño negro y un
sombrero también negro, enorme, hundido hasta los ojos taciturnos. «Dios mío
-pensó Úrsula-. Hubiera jurado que era Melquíades.» Era Cataure, el hermano de
Visitación, que había abandonado la casa huyendo de la peste del insomnio, y de
quien nunca se volvió a tener noticia. Visitación le preguntó por qué había
vuelto, y él le contestó en su lengua solemne:
-He venido al sepelio del rey.
Entonces entraron al cuarto de José Arcadio Buendía, lo sacudieron
con todas sus fuerzas, le gritaron al oído, le pusieron un espejo frente a las
fosas nasales, pero no pudieron despertarlo. Poco después, cuando el carpintero
le tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba
cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre
el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las
puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la intemperie. Tantas
flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha
compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pudiera
pasar el entierro".
Del disco "Memoria adentro" de Raúl Carnota es este tema con ritmos y sonidos puneños.
“Les ofrezco mi canto” es un homenaje a las distintas expresiones artísticas populares que han florecido en nuestro país. Cita en su letra a los pueblos prehispánicos, a la raza criolla, a músicos y bailarines, todos ellos reunidos en una vasija de barro, cofre de sus propios afectos.
Mi corazón parece una vasija
alfarería antigua de la raza madre del vientre líquido y sonoro con cavidad profunda que me estalla.
Es como una vasija de ternuras que me canta y me duele madrugadas donde guardo la luz de mis amigos aquellos, los de antes, los que estaban.
Aquellos que me siguen en los siglos desde mi ayer indígena hasta casa dispersos por el mundo están conmigo son como yo, de tierra y de vidalas.
Cruzan los días con un mismo sueño De justicia, de pájaro y manzanas quiero decir, los músicos amigos mis amigos cantores, la esperanza.
Quiero decir, los criollos bailarines esa sencilla gente de la danza los del esfuerzo anónimo y sufrido los dueños del don aire y de la gracia
Digo aquellos amigos, mis hermanos que América del sur soltó en el alba dispersos por el mundo están conmigo son como yo, de tierra y de vidalas.
Los guarda esta vasija, los contiene Este antiguo latido de la raza.
Si conociéramos el punto donde va a romperse algo, donde se cortará el hilo de los besos, donde una mirada dejará de encontrarse con otra mirada, donde el corazón saltará hacia otro sitio, podríamos poner otro punto sobre ese punto o por lo menos acompañarlo al romperse.
Si conociéramos el punto donde algo va a fundirse con algo, donde el desierto se encontrará con la lluvia, donde el abrazo se tocará con la vida, donde mi muerte se aproximará a la tuya, podríamos desenvolver ese punto como una serpentina o por lo menos cantarlo hasta morirnos. Si conociéramos el punto donde algo será siempre ese algo, donde el hueso no olvidará a la carne, donde la fuente es madre de otra fuente, donde el pasado nunca será pasado, podríamos dejar sólo ese punto y borrar todos los otros o guardarlo por lo menos en un lugar más seguro.
Ganador de dos Palmas de Oro en Cannes por "Pelle el conquistador" y "Las mejores intenciones", el danés Bille August es un cineasta viajero y experto en adaptaciones literarias. Si en "La casa de los espíritus" transformó en imágenes la novela de Isabel Allende, en "Tren nocturno a Lisboa" asume el desafío de filmar el libro de Pascal Mercier, seudónimo del profesor de filosofía y escritor suizo Peter Bieri.
El protagonista de la película ejerce asimismo de profesor de latín y griego en Berna. Posee un rostro que deja huella: el de Jeremy Irons. El azar hará que un viejo libro, en cuyo interior hay un billete actual con destino a Lisboa, acabe en las manos del erudito lingüista. Con el tiempo justo para subirse al ferrocarril, este ser solitario se obsesiona en intentar localizar al autor de una obra escrita durante el régimen dictatorial de Salazar.
Aunque el tema político reaparezca en diversos tramos de una historia sujeta a constantes saltos temporales, tiene momentos brillantes y se gana al espectador mostrándonos el itinerario de este doctor enseñante que intenta cubrir los grandes vacíos existenciales de su propia vida. Cuenta con un magnífico elenco de actores encabezado por Jeremy Irons y que completan Jack Huston, Charlotte Rampling, Mélanie Laurent, Tom Courtenay, Lena Olin, Bruno Ganz o un aquí nada vampírico Christopher Lee.
"Cuando dejamos un lugar, dejamos en el mismo tiempo, una parte de nosotros mismos. Esta parte se queda aunque ya no estemos allí. Hay cosas que sólo se puede encontrar si volvemos a un lugar." (Pascal Mercier)
El siguiente fragmento corresponde a uno de los escritos de Prado. Cualquiera de ellos podría ocupar su lugar.
“PALAVRAS NUM SILÊNCIO DE OURO. PALABRAS EN UN SILENCIO DE ORO. Cuando leo el periódico, cuando escucho la radio o presto atención en el café a lo que dice la gente, siento a menudo el hastío, incluso el asco por esas mismas palabras, siempre iguales, que se escriben o se pronuncian…por los mismos giros, las mismas fórmulas retóricas y las mismas metáforas. Y lo peor sucede cuando me escucho a mí mismo y me veo obligado a constatar que yo también digo eternamente las mismas cosas. Esas palabras están terriblemente gastadas y deterioradas, desgastadas por haber sido usadas millones y millones de veces. ¿Acaso tienen todavía algún significado? Por supuesto, el intercambio de palabras todavía funciona, las personas actúan sobre esa base, ríen y lloran, tuercen a la derecha o a la izquierda, el camarero trae el café o el té. Pero eso no es lo que pretendo cuestionar. La pregunta es: ¿son todavía esas palabras la expresión de unas ideas? ¿O son simplemente ineficaces estructuras sonoras que empujan a los hombres a un lado o al otro, porque las huellas grabadas de la cháchara despiden incesantemente un resplandor pasajero?
A veces sucede que voy a la playa y estiro la cabeza al viento, un viento que yo desearía estuviese helado, más frío del que conocemos en este país: ese viento podría llevarse de mí todas las palabras gastadas, todos esos hueros hábitos del habla, a fin de poder regresar a casa con un espíritu depurado, limpio de toda la escoria característica de una perorata invariable. Sin embargo, a la primera oportunidad en que me veo obligado a decir algo, todo está como al principio. La purificación que añoro no es algo que surja por sí misma. Tengo que hacer algo, y tengo que hacerlo con palabras. Pero ¿qué hacer? No se trata de que quiera escapar de mi idioma y adentrarme en otro nuevo. No, no se trata de una diserción lingüística. Además, también me digo otra cosa a mí mismo: el lenguaje no se puede inventar de nuevo. ¿Qué es, pues, lo que quiero?
Quizá sea eso: quisiera reordenar las palabras del portugués. Puede que las frases surgidas de ese nuevo orden no estén corruptas ni sean extravagantes, no deberían ser palabras exaltadas, manidas ni intencionadas. Tendrían que ser frases arquetípicas del portugués, las que conforman su centro, al punto de tener la sensación de que surgen sin rodeos ni impurezas de la esencia transparente y diamantina de ese idioma. Las palabras tendrían que ser impolutas como el mármol pulido, y tendrían que ser puras como las notas de unaPartita de Bach, que transforma en silencio absoluto todo lo que no es ella misma. A veces, mientras queda todavía en mi interior un resto de reconciliación con ese cieno del idioma, pienso que podría ser el silencio agradable de un apacible salón o el silencio distendido entre dos amantes. Pero cuando se apodera de mí absolutamente la rabia por los pegajosos hábitos a la hora de usar las palabras, entonces no puede ser menos que el silencio claro y frío de un espacio sideral sin luz en el que yo soy el único que habla portugués y donde sigo el curso callado de mi órbita. El camarero, la peluquera, el revisor del tranvía, todos se quedarían perplejos si escucharan esas palabras en su nuevo orden, y su perplejidad sería provocada por la belleza de las frases, la cual no sería otra cosa sino el brillo de su claridad. Serían -me imagino- frases irrefutables, y también podría llamárselas inexorables. Estarían allí, incorruptibles e inamovibles, y en eso se parecerían a las palabras de un dios. Al mismo tiempo, estarían despojadas de toda hipérbole y de todo Pathos, tendrían precisamente tal sobriedad, que no se podría eliminar ni una sola de ellas, ni una sola coma. En ese sentido, serían comparables a un poema urdido por un orfebre de las palabras.”
Ficha Técnica
Dirección: Bille August
Intérpretes: Jeremy Irons, Mélanie Laurent, Jack Huston, Charlotte Rampling
Producción: Alemania, Suiza y Portugal, 2013.
T.O.: Night train to Lisbon.
Drama
Duración:111 minutos
Seix Barral publicó en el 2015 un libro de poemas inéditos de Neruda, 'Tus pies toco en la sombra'.
El volumen lleva por nombre 'Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos', y la enorme relevancia de este hallazgo reside en que los poemas encontrados fueron escritos con posterioridad a 'Canto general' (1950), en la época de madurez de Pablo Neruda.
Los poemas fueron hallados en unas cajas que contenían los manuscritos de las obras del poeta, durante una revisión exhaustiva por parte de la Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda, bajo la dirección de Darío Oses, en la que se comprobó que algunos poemas manuscritos de extraordinaria calidad no se habían incluido en las obras publicadas correspondientes a cada caja.
La certificación de la autoría de estos más de veinte poemas, los convierte en el mayor hallazgo de las letras hispanas en los últimos años, un acontecimiento literario de importancia universal para uno de las voces más sólidas de la poesía latinoamericana del pasado siglo.
"Nunca sólo, contigo por la tierra, atravesando el fuego. Nunca sólo. Contigo por los bosques recogiendo la flecha entumecida de la aurora, el tierno musgo de la primavera. Contigo en mi batalla, no la que yo escogí sino la única. Contigo por las calles y la arena, contigo el amor, el cansancio, el pan, el vino, la pobreza y el sol de una moneda, las héridas, la pena, la alegría. Toda la luz, la sombra, las estrellas, todo el trigo cortado, las corolas del girasol gigante, doblegadas por su propio caudal, el vuelo del cormoran, clavado al cielo como cruz marina, todo el espacio, el otoño, los claveles, nunca sólo, contigo. Nunca sólo, contigo, tierra Contigo el mar, la vida, cuando soy, cuando doy y cuando canto, esta materia amor, la tierra, el mar, el pan, la vida".